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Hoy es inevitable hablar del horror. Ha sido un día de debate, de reflexión, intentando comprender en qué momento de la humanidad todo se torció para que las personas lleguemos a cometer actos terroristas como los sucedidos anoche en París. No llego a entender el por qué, cuál es la necesidad de que, a lo largo de la historia, solucionemos los problemas atacándonos entre nosotros.
Lo sucedido anoche en París no hace si no tensar la cuerda en una sociedad Europea que cada vez, y ojalá no sea así, será más reacia a la multiculturalidad y pluralidad, y cada vez resulta más difícil reprochar a los que piensan ya así, pues nuestra propia condición humana nos lleva a protegernos.
Sin embargo creo que hay que analizar los hechos con detenimiento, que hay detrás de todo lo sucedido, porque algo les ha movido a ello, y tendremos que conocerlo para poder atajar el problema. Quizás sea puto fanatismo, pero tenemos que reconocer que la multiculturalidad, entendida como la convivencia con respeto y tolerancia, ha fallado. Y esto se demuestra cuando jóvenes, hijos de inmigrantes, nacidos ya en Europa (los mal denominados inmigrantes de segunda generación) optan por el radicalismo contra su propia tierra, la que le vio nacer y crecer y les ha dado todo cuanto tienen y a pesar de todo ello no sienten que encajen y pertenezcan a la misma.
Puede que el hecho de que se nos denomine aún "inmigrantes", cuando yo nunca he emigrado, demuestra que en la sociedad hay algo que falla. O quizás sea un tema de educación. Es un tema complejo, y hoy hemos debatido largo de ello en mi entorno familiar. Yo vine al mundo en España y mis padres, pese a ser de Perú, me ensañaron a estar orgulloso de mis orígenes de los que además estoy muy contento, pero más aún me ensañaron a amar la tierra en que nací y que nos ha dado todo lo que tenemos hoy en día (algo que quizás no se de en todos los entornos familiares).
Trabajaré, lucharé y defenderé siempre a mi país, España, y aún con eso en ocasiones he tenido que soportar comentarios en los que se me mandaba a mi país, o se me hacía presente que yo no soy español 100%. He sabido aguantarlo, nadie me va a decir de donde soy o de donde me siento, pero no todas las personas son iguales.
Nunca llegaré a entender la causa de todo esto, sólo puedo concluir que nuestra condición humana, que es sentir, emocionarse, padecer, acabará con todos nosotros si no somos capaces de ponerle solución.
Hasta entonces recemos, por París, por que acabe el horror, y porque llegue un tiempo en el que todos sepamos convivir con respeto y tolerancia, porque el mundo es de todos y es una casualidad tan remota del universo que tenemos que celebrar la vida con felicidad.

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